
A Marcellus le encantaba el sexo y odiaba cuando su novia se escapaba para masturbarse sin él. Lo consideraba una especie de trampa, después de todo, ¿por qué alguien rechazaría la oportunidad de follar con un semental así? Ese día, llegó a casa temprano y arrestó a su novia mientras ella frotaba febrilmente su raja rosada. Marcelo decidió jugar un jueguito con ella. Se acercó con cuidado a ella, le hizo señas para que siguiera adelante y comenzó a acariciarle el clítoris con la palma de la mano. Le acarició los labios inferiores y el clítoris antes de meterle el brazo en el cálido coño de forma lenta pero segura. Su puño entró por completo en su arrebato de espera: ¡la chica comenzó a gemir de placer! ¡Fue una experiencia fresca y alucinante para ella!
