
No en vano el sabio clasicista dijo: "Que cada uno de nosotros agrade a su prójimo para su bien para edificación". Cuando me puse un yeso en el brazo, decidí experimentar. No podía masturbarme con un yeso. Pero hubo una pareja que pudo complacerme de la manera en que estaba acostumbrado. El chico, por supuesto, tuvo que pagar extra, pero el delicioso culo de esa chica valió la pena...
